Motorcycle race scene from Tron. Image: www.blog.creamglobal.com

Motorcycle race scene from Tron. Image: www.blog.creamglobal.com

 

I reached my friends house and pressed the doorbell button knowing that it wouldn’t work as it hadn’t since I had known him, though I always insisted on myself pressing it as if renouncing to do so would mean something like accepting an imperfect world. The fourteen year old me entered the dark living room and sat on the floor without doing anything to interrupt my friend’s brother and sister, plus another teenager I didn’t know but whose muddy and impressive off-road bike I had seen parked outside, who were slouching on the furniture with their faces tinted blue by the light of the TV.

I looked at the screen, expecting to find images I’d seen a million times from Star Wars or Rocky III, but instead saw a motorcycle race scene which was unlike anything I had ever seen before: it was taking place on an illuminated grid whose lines the bikes would follow, changing direction at 90º angles whilst maintaining the same speed.

“Where are they?” I asked

“Inside a computer, shut up”

They were watching Tron, Steve Lisberger’s 1982 science fiction cult movie -it was hot from the oven then-, where Jeff Bridges enters a computer and has to interact with its programs in order to survive and eventually regain freedom. The world inside the computer is structured by a luminous grid which I have to say I found breathtakingly beautiful back then -though I would never had used those words in that company- and still find beautiful today.

Then I discovered the work of Sol LeWitt and his modular cubic structures for which, having used up the word ‘beautiful’, I have no words to even bring me close to expressing how I feel about them. Let me just say that the first few times I actually saw one I had to sit down and breath deeply so as not to fall on top of and destroy that which I loved so much. Lewitt’s structures are like three-dimensional versions of the grid in Tron: classical, plain and simple and portraying something like the essence of infinity. These grids are limited but give the sense that they could go on forever, putting the whole world in order, imposing its rational landscape on the imperfect organic chaos of the real world.

For some years now all my paintings have a pencil drawn grid on top of the primer coat. I started doing them when I began with my The Sky Above Honolulu paintings, as a means to simplify organising its flowery shapes in geometrical structures, but now I can’t stop and have gridded every single canvas since. I don’t mind the extra work and like to think of LeWitt and Agnes Martin every time I start a new one, and it gives me a sense of control over the surface… but what I really want to know is WHY a grid is so fascinating to look at. Is it perhaps because it is something purely mental that doesn’t exist in the natural world… a portrait of our mental structures. If only I could put these questions to Dr Oliver Sacks, who studied the ways the brain relates to music and I wrote about in a previous post.

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MENTIONED FILM: Tron, Steve Lisberger’s science fiction movie I write about  in this text can be ordered on blu-ray here.

 

 

Sol LeWitt, Structure With Three Towers, 1986, Image:  www.lalouvre.com

Sol LeWitt, Structure With Three Towers, 1986, Image: www.lalouver.com

 

 

Llegué a la casa de mi amigo y pulsé el botón del timbre sabiendo que no funcionaría, como no había funcionado desde que le conocía, aunque yo siempre insistía en pulsarlo como si renunciar a hacerlo significara algo así como aceptar un mundo imperfecto. El yo de catorce años entró en el oscuro salón y se sentó en el suelo sin hacer nada que pudiera interrumpir a la hermana y el hermano de mi amigo, además de otro adolescente que yo no conocía pero cuya impresionante moto todoterreno cubierta de barro había visto aparcada delante de la casa, que estaban repantigados sobre los muebles con las caras tintadas de azul por la luz del televisor.

Miré la pantalla esperando ver imágenes que había visto un millón de veces de La Guerra de las galaxias o Rocky III, pero en su lugar vi una escena de carrera de motocicletas que no se parecía a nada que hubiera visto antes: tenía lugar en una cuadrícula iluminada cuyas líneas las motos seguían cambiando de dirección en ángulos de 90º manteniendo la misma velocidad.

“¿Donde están?” pregunté

“Dentro de un ordenador, cállate.”

Estaban viendo Tron, la película de culto de 1982 de Steve Lisberger -en ese momento estaba recién salida del horno- en la que Jeff Bridges entra en un ordenador y tiene que interactuar con sus programas para sobrevivir, y eventualmente recobrar la libertad. El mundo del interior del ordenador se estructura en una cuadrícula luminosa que tengo que decir encontré hermoso hasta cortar la respiración en su día -aunque no habría usado esas palabras en esa compañía- y sigo encontrando hermoso hoy.

Luego descubriría el trabajo de Sol LeWitt y sus estructuras modulares cúbicas para las cuales, habiendo gastado ya la palabra ‘hermoso’, no tengo palabras que siquiera me acerquen a poder comunicar lo que siento al mirarlas. Diré solamente que las primeras veces que pude ver una de ellas tuve que sentarme y respirar profundamente para no correr el peligro de caer encima y destruir aquello que amaba. Las estructuras de LeWitt son como versiones tridimensionales de la cuadrícula de Tron: clásicos, llanos y sencillos y rezumando algo así como la esencia de lo infinito. Estas cuadrículas son limitadas pero dan la sensación de que pudiesen continuar para siempre, creando orden en el mundo entero, imponiendo su paisaje racional sobre el imperfecto caos orgánico del mundo real.

Desde hace ya algunos años todas mis pinturas tienen una cuadrícula dibujada a lápiz sobre la capa de imprimación. Empecé a hacerlas cuando iniciaba las pinturas de la serie El cielo sobre Honolulu como una manera de simplificar la tarea de organizar sus formas florales en estructuras geométricas; pero ahora no puedo parar, y he cuadriculado cada lienzo que he pintado desde entonces. No me importa el trabajo extra y me gusta acordarme de LeWitt y Agnes Martin cada vez que empiezo un cuadro nuevo, y me da una sensación de control sobre la superficie… Pero lo que realmente quiero saber es POR QUÉ una cuadrícula fascina tanto al mirarla. Será tal vez por que es algo puramente mental que no existe en el mundo natural… un retrato de nuestras estructuras mentales. Si sólo pudiera plantearle estas preguntas al doctor Oliver Sacks, quien estudió las relaciones entre la música y el cerebro como comenté en una entrada previa.

 

 

Gridded Canvas in my studio. Photo: Simon Zabell